London Has Fallen: Análisis del Thriller que Desafía la Lógica

London Has Fallen es una película que, desde su premisa, promete una experiencia cargada de acción y tensión. Sin embargo, a medida que la trama se desarrolla, se hace evidente que la lógica y la coherencia narrativa no son sus principales prioridades. La secuela de "Olympus Has Fallen" nos sumerge nuevamente en el mundo del agente Mike Banning, interpretado por Gerard Butler, quien debe proteger al Presidente de los Estados Unidos, Benjamin Asher, encarnado por Aaron Eckhart, de una amenaza terrorista de escala global. La película arranca con la llegada de múltiples líderes mundiales a Londres para un funeral, un escenario que rápidamente se convierte en un campo de batalla.
La dirección de Babak Najafi se caracteriza por el uso excesivo de efectos especiales generados por computadora (CGI), con la finalidad de destruir la capital británica y dar una sensación de caos total. El problema principal radica en que estos efectos, en lugar de realzar la experiencia visual, a menudo se sienten artificiales y poco convincentes. London Has Fallen se apoya fuertemente en la acción desmedida, relegando a un segundo plano el desarrollo de los personajes y la coherencia de la trama. Los terroristas, representados de forma genérica y estereotipada, parecen brotar de todas partes, creando un ambiente de paranoia que, en lugar de ser emocionante, resulta agotador y, por momentos, ridículo.
Un Guion Lleno de Agujeros y Personajes Planos
Uno de los puntos más débiles de London Has Fallen es su guion. Está repleto de inconsistencias y situaciones inverosímiles que desafían la credibilidad del espectador. Los diálogos son, en muchos casos, clichés del género, con líneas de acción que parecen sacadas de un manual de películas de acción de los años 80. El desarrollo de los personajes es prácticamente inexistente. Mike Banning sigue siendo el mismo héroe de acción unidimensional, con una habilidad sobrehumana para esquivar balas y acabar con docenas de enemigos sin despeinarse. El Presidente Asher, por su parte, se limita a ser el objetivo a proteger, sin demostrar ningún tipo de profundidad emocional o estratégica.
El personaje del Vicepresidente Trumbull, interpretado por Morgan Freeman, se presenta como un espectador preocupado que observa los acontecimientos desde la distancia, prácticamente ajeno al caos que se desarrolla en Londres. Freeman, un actor de gran talento, se ve desaprovechado en un papel que no le permite demostrar su potencial. La trama de venganza, que sirve como motor de la acción, se siente forzada y poco convincente. El traficante de armas que busca revancha contra el gobierno estadounidense carece de una motivación clara y sus acciones se perciben como las de un villano caricaturesco. La película, lejos de construir una narrativa sólida, parece una excusa para encadenar una serie de secuencias de acción sin sentido.
Londres Convertido en un Campo de Batalla de Videojuego
La película se transforma rápidamente en una especie de videojuego de disparos en primera persona ambientado en las calles de Londres. Las secuencias de acción se suceden sin pausa, con explosiones, persecuciones y tiroteos que parecen sacados de un videojuego arcade. Los enemigos, en su mayoría anónimos, caen como moscas ante la puntería infalible de Mike Banning, quien parece imbatible ante cualquier tipo de amenaza. Esta excesiva dependencia de la acción desmedida, en detrimento de una trama coherente y personajes bien desarrollados, termina por cansar al espectador, que se siente abrumado por la cantidad de explosiones y efectos visuales sin sentido.
London Has Fallen parece abrazar conscientemente su tono exagerado y su falta de realismo. Sin embargo, lo que podría haber sido una película de acción palomitera y divertida, se convierte en un producto mediocre que no cumple las expectativas generadas por su predecesora. La película no parece tomarse en serio a sí misma, lo que podría ser perdonable si no fuera por lo aburrido y repetitivo que resulta su visionado. La falta de tensión dramática y la ausencia de momentos memorables hacen que el espectador se desconecte rápidamente de la historia.
El Exceso de CGI y la Falta de Originalidad
Uno de los principales problemas de London Has Fallen es su dependencia excesiva de los efectos especiales generados por computadora. En lugar de realzar la experiencia visual, estos efectos se sienten artificiales y poco convincentes. Las escenas de destrucción de la ciudad, en lugar de generar impacto, resultan risibles por su falta de realismo. Los terroristas, en lugar de ser una amenaza creíble, parecen una masa informe de personajes genéricos que se mueven sin gracia por el escenario. El filme carece de originalidad, copiando elementos de otras películas de acción sin aportar nada nuevo ni interesante al género. La sensación de déjà vu es constante, con secuencias de acción que hemos visto una y otra vez en otros filmes.
El director, Babak Najafi, no logra imprimir una identidad propia a la película, limitándose a seguir la fórmula de su predecesora sin aportar nada nuevo. La falta de un estilo visual distintivo y una puesta en escena inspirada hacen que la película se sienta genérica y olvidable. La banda sonora, aunque en ocasiones intenta crear tensión, resulta poco memorable y no logra conectar con el espectador. London Has Fallen es, en definitiva, un ejemplo de cómo una película de acción puede fallar en sus intentos de entretener si descuida la trama, los personajes y la coherencia narrativa. La película se convierte en una experiencia agotadora y repetitiva, donde la acción desmedida no logra compensar las carencias de su guion y su puesta en escena.
Una Película de Acción Olvidable
En conclusión, London Has Fallen es un thriller de acción que, a pesar de sus pretensiones de espectacularidad, termina siendo una película olvidable y poco satisfactoria. La falta de coherencia en el guion, los personajes planos, el exceso de CGI y la dirección sin inspiración hacen que la película no logre conectar con el espectador. La acción desmedida, que en un principio podría ser un atractivo, termina por aburrir por su falta de sentido y su repetición constante. Los intentos de generar tensión resultan fallidos, y la película se siente como una sucesión de secuencias de acción sin una narrativa coherente.
El guion de London Has Fallen se centra tanto en la acción que descuida completamente la lógica. Los personajes toman decisiones sin sentido y las situaciones se vuelven inverosímiles. Los actores, por más talentosos que sean, no pueden salvar un producto que carece de alma y de sustancia. La película se siente como un videojuego sin una trama interesante, con personajes que parecen autómatas y situaciones que no tienen ningún tipo de impacto emocional. London Has Fallen no logra superar las carencias de su predecesora y, por el contrario, las agrava, convirtiéndose en una película que no merece la pena ser vista. El filme se apoya tanto en el caos y la destrucción que olvida la necesidad de construir una historia sólida y unos personajes que conecten con el público.
Más Fallos que Aciertos
La película intenta, en vano, construir una narrativa de venganza, pero esta resulta tan genérica y poco convincente que no genera ningún tipo de interés. El villano carece de motivación y sus acciones se sienten forzadas y poco creíbles. London Has Fallen es un claro ejemplo de cómo una película de acción puede fracasar si se centra exclusivamente en la acción, dejando de lado el desarrollo de los personajes y la coherencia de la trama. La película no logra entretener, no emociona y, en definitiva, no aporta nada nuevo ni interesante al género. La sensación que queda tras su visionado es la de haber perdido el tiempo en una película que no ha sabido estar a la altura de las expectativas.
Es evidente que London Has Fallen es una película con más fallos que aciertos. La falta de originalidad, la dirección sin inspiración, el guion lleno de inconsistencias y la dependencia excesiva de los efectos especiales hacen que la película sea una experiencia poco recomendable. El filme intenta emular el éxito de otras películas de acción, pero fracasa en su intento al no lograr construir una narrativa sólida y unos personajes que conecten con el público. London Has Fallen se convierte así en un ejemplo de cómo una película puede fracasar si se descuida la calidad de su guion y su puesta en escena. La película se reduce a una sucesión de explosiones y disparos sin sentido, sin que haya ningún tipo de tensión o emoción genuina.
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